• Kat Peters

La vida nos cambia

La presente publicación se puede considerar como una carta de amor a todas y todos mis amigos de Costa Rica y más allá en América Latina, a quienes no puedo ver en estos días de pandemia. Sé que todos estamos pasando por momentos difíciles, y quiero que sepan lo mucho que les amo. No sé si hace gran diferencia contárselo, pero creo que en estos momentos todos necesitamos sentir el amor y el apoyo de nuestros seres queridos. Además, los sentimientos “no se pueden quedar adentro,” como dice la canción del Duo Guardabarranco (ver abajo).


Una parte del grupo de jóvenes de San Sebastian. Eran unos chicos (y ahora son unos adultos) increíbles.

Cada cierto número de días tengo la buena suerte de poder conversar con amistades de Costa Rica. Pasé casi nueve años viviendo allí, y cuando me fui, no fue porque yo estaba lista ni quería dejar a esas amistades. En ese sentido para mí la pandemia ha sido casi una bendición, porque todos estamos iguales en este momento, comunicándonos por Zoom, WhatsApp y las redes sociales. He podido reunirme y sentir una cercanía con unos seres muy muy queridos. Y todavía faltan más con quién estar (también muy muy queridos). Me doy cuenta (cómo ya sabía, pero en estos días se siente más a flor de piel) lo mucho que amo a todos ustedes que podrían estar leyendo esta publicación.

Digo que la pandemia en ese sentido ha sido una bendición, pero la verdad es que no ha sido una bendición, en general. Personas se enferman y se mueren, la gente pierde su trabajo o una parte de su salario (y en medidas desiguales y aterradores), países enteros llegan al borde de la quiebra, las divisiones sociales y políticas se hacen más abismales, y la salud mental se vuelve casi inalcanzable, al menos en algunos momentos (momentos que se vuelven más y más seguidos).

Hablando con una de esas amigas esta semana, ella capturó el sentimiento que he venido escuchando de muchas personas recientemente, en Costa Rica, Estados Unidos, México, Colombia, y en las noticias. Ella tiene un hijo un poco menor que mi hijo (el mío tiene 4 años). Recuerdo exactamente qué dijo, porque me lo dijo por un audio de WhatsApp, una forma de comunicación que me parece realmente lindo en estos días.


“[La pandemia] me ha afectado mucho porque ha sido un cambio muy muy radical. Tener un hijo usted sabe que nos cambia un montón, y la vida nos cambia. Y todavía se viene esto de la crisis.”

Los amigos son quienes le dan la bienvenida a tu nuevo bebé, quienes te acompañan en los cambios de la vida.

Se me quedó rodando en la cabeza eso de “y la vida nos cambia.”

Me hace pensar en una frase también que se escucha bastante: tal cosa pasó (o no pasó) “por las cosas de la vida.” Siempre que escuchaba eso, imaginaba a la persona caminando, viviendo, haciendo sus quehaceres, y un viento llegaba y levantaba a la persona y la dejaba caer en otro lugar, donde seguía pero ya de una manera diferente, en un ambiente diferente, con objetivos y metas y retos diferentes. Siempre lo decían con tan buena actitud que me sorprendía – la aceptación de las fuerzas mayores y una capacidad increíble de cambiar y aprovechar las potencialidades existentes (y no preocuparse por las no existentes). Yo siempre quería tener esa actitud, y me costaba, y me cuesta.

Llegué a entender que esa frase, “las cosas de la vida,” representa una madurez y un caminar por tristezas y dolores profundos, y no es una frase que representa un camino fácil. Y en lo que me decía la amiga, puede ser fácil decir, pero vivir el cambio de convertirse en madre, o vivir los cambios que nos hace la vida, no es nada fácil. Lo sufrimos, y no solamente un poco.

No puedo pretender que yo lo tengo muy difícil. La verdad es que no. En esta pandemia tengo donde vivir, tengo trabajo, comida, ropa, pasatiempos que puedo hacer desde mi casa. Puedo caminar afuera con seguridad. Y aun así hay días que me siento muy mal emocionalmente por todo lo que está pasando en el mundo por la pandemia y todos los retos económicos y políticos y personales que nos están enfrentando.

Pero. ¡Pero! Les quiero decir, mis queridísimos, que fueron ustedes quienes me dieron unas herramientas para lidiar con mis ansiedades sobre el mundo y sus inequidades y sus fracasos y sus guerras y sus imposibilidades, desde hace ya casi veinte años, y hasta la fecha. Son los poemas y las canciones y las liturgias y las novelas y ensayos y murales de América Latina que son tan honestos, tan acertados con la realidad y los sentimientos que nos provoca esa realidad, que me sanaron unas heridas y me siguen dando vida.

Mural de Juan O'Gorman en el Castillo de Chapultepec, México, D.F.


Y son las conversaciones y experiencias que he tenido con ustedes: los eventos y programas de Gloria Dei aquí mismo en Valparaiso, compartiendo trabajo e inventando algo completamente nuevo; las noches en San Sebastián con los jóvenes haciendo proyectos y conversando sobre la vida; los estudios bíblicos donde nos contábamos todas las dudas y las revelaciones teológicos (y comíamos rico); los almuerzos en el comedor de ICADS; las charlas en el campo donde nos compartían sus sueños y sus retos; los viajes al campo para los cursos en FLACSO y todo el crecimiento que hicimos juntos ahí; las cenas que pude disfrutar en los comedores de tantas mujeres de campo y de ciudad en todas mis noches como huésped para el trabajo y el estudio, los chistes, los consejos, la solidaridad.

En fin, ustedes me cambiaron. La vida me cambió. Ustedes me cambiaron la vida. ¿Demasiado cursi? Creo que si hay un momento para serlo, éste es, así que me van a perdonar.

Y la frase de la amiga, “la vida nos cambia,” por supuesto que hizo venir a la mente varias canciones que me han impactado, de la nueva canción de América Latina (y una de pop), que puedo citar aquí brevemente, con algunas referencias biográficas asociadas. Aprovecho de este medio del blog para poner los enlaces a las canciones en YouTube, para que se hagan un conciertito ahí en la casa para lavarse el alma un poquito hoy (como yo estoy haciendo aquí en mi casa, entre lágrimas y risas).

Haciendo la lista de lugares donde he podido compartir con personas tan lindas en América Latina, sé que estoy dejando por fuera muchas experiencias. Pero la lista es un símbolo de todas ellas, y si tú fuiste parte de una experiencia mía, sepas que te recuerdo, junto con ese momento, con todo mi cariño y mi gratitud a la vida, y espero el día que podamos volver a estar juntos:

Gracias a la vida que me ha dado tanto Me ha dado la marcha de mis pies cansados; Con ellos anduve ciudades y charcos, Playas y desiertos, montañas y llanos, Y la casa tuya, tu calle y tu patio

Aquí estoy en Bolivia, en la frontera con Chile y Argentina - un viaje como parte de la beca que recibí para estudiar el español en Sucre, Bolivia.


Agradezco tanto la oportunidad de vivir en tu región, tu país, que me permitieron adoptarlo como el mío, y de poder compartir con tantas personas de tantos países diferentes. Un país donde solamente viví por un par de meses, pero que me ha marcado mucho, es Nicaragua. Recuerdo ver el concierto de Kattia Cardenal en León con un grupo de estudiantes de ICADS, y cantó la canción que también era el himno de las y los estudiantes de la UBL cuando tuve la buena suerte de estudiar allí y participar en las actividades. Expresa mucho:

Casa abierta La amistad no cuestiona tu credo A la tierra le gusta que amemos Sin distingos de culto y bandera Casa abierta... Quisiera darte buena suerte Y ser tu amigo hasta la muerte Que la distancia no me entuma Y la amistad no se consuma

Viajando con mis amigas y amigos de FLACSO, para conocer más de la realidad de la Isla Venado en el Golfo de Nicoya.

Aunque mucha música y muchas experiencias fueron para mi muy importantes en lo personal, también todo me enseñó mucho en cuanto a la historia y la política. Los actuales son momentos en los cuales podemos aplicar muchas lecciones del pasado, y la música y el arte nos da un poquito más de fuerza para hacerlo. Sé que Costa Rica en este momento está en un proceso de diálogo y negociación. Desde mi perspectiva, espero que las y los ticos puedan lograr valorar su cultura y legado de justicia social (y hasta mejorarla), tomando en cuenta a sus artistas, campesinos, indígenas, mujeres, trabajadores, y todos los recursos que ya tienen.

Solo le pido a Dios Que el dolor no me sea indiferente Que la reseca muerte no me encuentre Vacía y sola sin haber hecho lo suficiente

Una mesa de diálogo sobre el manejo del manto aquífero Nimboyores, Guanacaste.

No sabemos hasta dónde nos va a llevar todo esto. La incertidumbre es algo que da miedo, pero da menos miedo cuando enfrentemos juntos al futuro. Como cuando cantábamos con los jóvenes en San Sebastián Cambia Todo Cambia, abrazándonos y cantando con más y más fuerza para sentir la fuerza de las amistades ante las dificultades de la vida. Me gusta ver que las y los mismos jóvenes, aunque todos hemos cambiado, seguimos queriéndonos y comunicándonos a través de las redes sociales.

Cambia el pelaje la fiera Cambia el cabello el anciano Y así como todo cambia Que yo cambie no es extraño

Pero no cambia mi amor Por mas lejos que me encuentre Ni el recuerdo ni el dolor De mi pueblo y de mi gente

En un taller con los jóvenes.

Y bueno, si no han visto el video de Color Esperanza 2020, te lo recomiendo. La canción en sí es linda, pero más que eso, en el video tantos artistas del mundo latino (dicho hispano/portugués-hablante) se juntaron, a pesar de las diferencias de estilo. La esperanza que da la canción, además de las palabras en sí, es que todas y todos podamos unirnos frente a la situación actual para encontrar una salida. Por el momento, ustedes forman una gran parte del color de mi esperanza. Gracias, gracias por su amistad. Les extraño con el alma.

Sé que lo imposible se puede lograr Que la tristeza algún día se irá Y así será La vida [me] cambia y [me] cambiará.

About Me

I'm an intercultural educator, Spanish professor, and former Assistant Director of study abroad in Costa Rica.

 

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